
A ver si os suena: Un día 11, unos degenerados colocan bombas en trenes de cercanias, de los que usa la gente humilde para ir a trabajar, hay varias explosiones simultáneas, hay 190 muertos y más de 600 heridos. El ataque es tan cruel, tan sádico, tan carente de sentido, que hasta otros terroristas se desmarcan del ataque y lo condenan. Nadie ha reivindicado hasta ahora ese atentado.
En realidad estoy hablando de la India. De Bombay. Ayer hubo siete explosiones simultáneas. El grupo terrorista sospechoso habitual en estos casos, Lashkar-e-Taiba ha llamado a The Times Of India para "condenar rotundamente" el atentado.
En esos trenes, como en los trenes de España, como en el metro de Londres, como en las Torres Gemelas, había creyentes y no creyentes, habría hindúes, musulmanes, cristianos. Habría gente de todas las edades; buenas personas y otras que no lo eran tanto. Pero, en cualquier caso, gente que ha sido asesinada sólo para que una panda de retrasados mentales disparen con alegría sus AK-47, dando gracias a Dios por haber llamado la atención al encaramarse a un montón de cadáveres mutilados.
¿A qué Dios adoran estos indivíduos? Todos los textos sagrados suelen contener enormes burradas acerca de matanzas masivas como relatos de un pasado mítico, pero la moraleja de todos ellos suele ser algo así como "no mates a nadie, vive y deja vivir".
No busco encontrar sentido al terrorismo porque no lo tiene. Los terroristas no matan por una causa: matan porque pueden. Por eso sus víctimas son siempre inocentes y más débiles. Supongo que, en unas semanas, alguien reivindicará el atentado y se llenará la boca con palabras como "la voluntad de Dios", "los infieles" y esas cosas. Basura.
Mientras los demás nos restregamos los ojos en mitad de la matanza, rodeados de humo y de carne quemada, unos cuantos hijos de puta brindarán con champán francés en sus palacios de Abu Dhabi o Riad, pensando a que panda de psicopátas darán el siguiente millón de dólares. Mientras, los verdaderos creyentes del Profeta, viven aprisionados entre los tiranos, los corruptos, las pistolas y las bombas; deseando lo mismo que el resto del mundo: vivir y vivir en paz.
Las cosas tardarán en solucionarse porque la sociedad internacional funciona como funciona, pero cada vez hay más países dispuestos a no reparar en medios policiales, humanos y de inteligencia para atrapar a estos tipos, congelarles sus cuentas y que den con sus ilustres huesos en la cárcel. Y la cosa se solucionará, antes o después. Pese al Dios de quien pese.

